En el metro iba tanta gente que cambió la bolsa a la mano izquierda, luego otra vez a la derecha. En cada curva, el vagón entero se inclinaba a la izquierda, luego a la derecha. Marta bajó corriendo en su parada, por la puerta de la derecha… y solo al llegar al restaurante se dio cuenta: en lugar de los regalos, llevaba una bolsa de churros todavía calientes.