Entonces sonó el teléfono de Marta. Era una señora muy amable que había bajado en la misma parada: «Tengo aquí una bolsa con regalos y etiquetas que dicen “Para Javi”, “Para Elena”… ¿Por casualidad tiene usted mis churros?». Marta miró a la izquierda, donde estaban los churros, y a la derecha, donde la esperaba todo el equipo, y se echó a reír.