«¡Canelo!», exclamaron todos. Pero Canelo ladró hacia la ventana. Allí, en el balcón, sentado en su trineo, estaba Papá Noel, con migas en la barba y un trocito de turrón en la mano derecha. «Perdón», dijo, «llevo toda la noche volando y este turrón huele de maravilla».