El turrón que se escapó
IZQUIERDA ×10 · DERECHA ×11 · unos 3 min de lectura
Era Nochebuena y la casa de la abuela Carmen olía a turrón y a mandarinas. Toda la familia cantaba villancicos cuando, de pronto, la abuela miró a la ← izquierda, miró a la derecha → y gritó: «¡El turrón de chocolate! ¡Ha desaparecido!».
Lucas, el nieto más pequeño, miró a la ← izquierda: solo estaba la chimenea. Miró a la derecha →: solo estaba el perro, Canelo, con cara de no saber nada. Luego otra vez a la ← izquierda, por si acaso.
«Canelo, ¿has visto el turrón?», preguntó Lucas. Canelo levantó primero la oreja derecha →, movió la cola hacia la ← izquierda, luego hacia la derecha →, y salió corriendo por el pasillo.
Todos fueron detrás. Canelo giró a la ← izquierda en la cocina, donde el tío Paco removía la sopa. Después a la derecha →, junto a la nevera llena de polvorones. Luego dio un salto a la ← izquierda, otro a la derecha →, y la abuela dijo: «¡Este perro baila mejor que nosotros!».
Por fin, Canelo se metió debajo del sofá. Lucas se tumbó en el suelo y metió la mano derecha →. Nada. Probó con la mano ← izquierda. ¡Algo crujiente! Era el papel dorado del turrón… pero vacío.
«¡Canelo!», exclamaron todos. Pero Canelo ladró hacia la ventana. Allí, en el balcón, sentado en su trineo, estaba Papá Noel, con migas en la barba y un trocito de turrón en la mano derecha →. «Perdón», dijo, «llevo toda la noche volando y este turrón huele de maravilla».
La abuela le dio a Papá Noel otra tableta para el camino, y él, a cambio, abrió su saco. Le dio un regalo a Lucas con la mano ← izquierda, otro a la abuela con la derecha →, y uno a Canelo: un hueso con un lazo rojo.
Papá Noel saludó a la ← izquierda, saludó a la derecha → y despegó con un «¡Feliz Navidad!». El trineo dio una vuelta hacia la ← izquierda sobre el tejado, otra hacia la derecha →, y desapareció entre las estrellas.
Y así termina la historia. ¡Ahora cada persona abre el regalo que tiene en las manos!
La bolsa del amigo invisible
IZQUIERDA ×14 · DERECHA ×14 · unos 5 min de lectura
El viernes por la noche era la cena de empresa de Copos de Nieve, y a Marta, de Recursos Humanos, le había tocado lo más importante: llevar la bolsa con todos los regalos del amigo invisible. La llevaba bien agarrada en la mano derecha →, y en la ← izquierda, un paraguas por si acaso.
En el metro iba tanta gente que cambió la bolsa a la mano ← izquierda, luego otra vez a la derecha →. En cada curva, el vagón entero se inclinaba a la ← izquierda, luego a la derecha →. Marta bajó corriendo en su parada, por la puerta de la derecha →… y solo al llegar al restaurante se dio cuenta: en lugar de los regalos, llevaba una bolsa de churros todavía calientes.
«¡Que nadie se mueva!», dijo Marta al entrar. Todos se quedaron quietos: Javi, de Informática, con un tenedor a medio camino; la jefa, Elena, con la servilleta en la mano; y el camarero con un plato de croquetas en cada mano, la ← izquierda y la derecha →.
Elena organizó la búsqueda en dos minutos. «Javi y Lucía, por la calle de la ← izquierda. Pedro y yo, por la de la derecha →. Marta, llama al metro».
Javi y Lucía corrieron hacia la ← izquierda, doblaron la esquina y se encontraron con una charanga que tocaba villancicos. Uno de los músicos llevaba una bolsa con lazos. «Perdone, ¿eso son regalos?», preguntó Lucía. «No, son partituras», respondió el músico. La charanga giró a la ← izquierda, a la derecha → y otra vez a la ← izquierda, y Javi y Lucía detrás, bailando sin querer.
Mientras, Pedro y Elena giraron a la derecha →, luego a la ← izquierda, luego otra vez a la derecha →, y luego otra vez a la ← izquierda, y acabaron justo delante del restaurante. «Bueno», dijo Pedro, «por lo menos ya sabemos volver».
Entonces sonó el teléfono de Marta. Era una señora muy amable que había bajado en la misma parada: «Tengo aquí una bolsa con regalos y etiquetas que dicen “Para Javi”, “Para Elena”… ¿Por casualidad tiene usted mis churros?». Marta miró a la ← izquierda, donde estaban los churros, y a la derecha →, donde la esperaba todo el equipo, y se echó a reír.
Diez minutos después, la señora entró en el restaurante con la bolsa en la mano ← izquierda. Marta le dio los churros con la mano derecha →, y las dos se rieron tanto que el camarero casi tira las croquetas. Elena invitó a la señora a quedarse al postre, y todo el mundo aplaudió.
Por fin, se sentaron en un gran círculo. Las croquetas pasaron hacia la ← izquierda, los churros hacia la derecha →, y el turrón dio una vuelta entera porque nadie se decidía. Elena miró a la ← izquierda, miró a la derecha → y levantó su vaso de agua con la mano derecha →: «Gracias por este año. Sin este equipo, ningún regalo llegaría a tiempo».
Y aquí se acaba la historia: ¡ahora cada persona abre el regalo que tiene en las manos!